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El origen de la magia
Érase una vez, cuando la creación entera no era más que un susurro suspendido en el vacío de la imaginación, un mundo vibrante donde los pensamientos poseían el peso de la roca y el brillo del rocío. En aquel reino invisible, los deseos no eran simples sombras en la mente, sino chispas doradas que danzaban en el aire, esperando el aliento de una palabra para nacer. Bastaba con nombrar un anhelo en voz alta, dejando que el sonido vibrara en la garganta con la fuerza del trueno o la dulzura de una flauta, para que esa idea tomara una forma sólida, palpitante y llena de color, atravesando el portal hacia la realidad con un destello de luz plateada. Desde el mismísimo inicio de los tiempos, el Creador poseía este poder infinito. Con solo cerrar los ojos y visualizar la textura de una pluma o el aroma del bosque tras la lluvia, daba vida a un sinfín de especies maravillosas y experiencias que llenaban el universo de asombro. Sentía el latido de cada criatura antes de que tuviera corazón y el frescor de cada río antes de que existiera el agua. Sin embargo, en medio de toda aquella inmensidad, el Creador sintió el deseo de compartir su secreto. Por eso, entre todos los seres que habitaban la tierra, eligió a una criatura pequeña y curiosa, a la cual le concedió el don sagrado de conectarse con este lugar especial, permitiéndole soñar despierta y convertir sus propios pensamientos en puentes mágicos hacia lo imposible.…

